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Simón Bolívar, el Libertador


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ADOLFO PÉREZ

La figura de Simón Bolívar, héroe nacional por excelencia de su Venezuela natal y otras naciones sudamericanas. Sus dotes de hombre de Estado y genio militar lo han consagrado como una gran figura. Así lo escribe el historiador Demetrio Ramos al final de su biografía sobre Bolívar, obra que me ha aportado datos para escribir este artículo.

Dice el escritor Juan Manuel de Prada que “la figura de Simón Bolívar, grandiosa, y en cierto modo trágica, clarividente y a un tiempo utopista, encarna mejor que ninguna otra algunos de los más nobles y ancestrales anhelos del hombre: la lucha por la independencia, el ímpetu de libertad, el sueño nunca realizado de una sociedad mejor.”

Pero es justo dejar constancia de otros estudios sobre la figura y la obra de Simón Bolívar, entre los que destaca lo que dice el escritor colombiano Pablo Victoria en su obra ‘El terror bolivariano”. La reseña sobre el libro dice que se trata de la historia más triste que jamás pudiera acontecer a nación alguna que hubiese entregado tanto como España entregó en América: la religión, la lengua y la cultura. El libro narra aspectos poco conocidos de la emancipación de América, donde además se da cuenta de la magna obra española en ese continente, especialmente en Nueva Granada (hoy Colombia) y Venezuela, dos países clave para conocer el drama que se vivió, cuya narración sorprende porque no solo se refiere a las batallas que tuvieron lugar, sino que también es una historia de la crueldad humana y de lo que Pablo Victoria denomina ‘genocidio bolivariano’, la carnicería fuera de combate que Simón Bolívar desencadenó contra miles de indefensos o inocentes españoles.

En Caracas, el 24 de julio de 1783 nació Simón Bolívar Palacios en el seno de una acomodada familia de origen vasco, el cuarto de cuatro hermanos. A los tres años quedó huérfano de padre – Juan Vicente Bolívar y Ponte, coronel de la milicia de Caracas – y cuando contaba nueve años falleció su madre, María de la Concepción Palacios y Blanco; de modo que el niño Simón quedó al cuidado de su abuelo materno, de su hermana mayor, María Antonia, y de su tutor con el que tuvo problemas la hermana por el cuidado del niño, que pasados unos meses ingresó en un internado. Con dieciséis años se embarcó para España donde le esperaba un tío suyo bien situado en la Corte, junto al que pensaba hacer carrera. En Madrid disponía de buenos apoyos para entrar en el servicio diplomático a cuyo fin se preparó a fondo. Pero todo se vino abajo cuando el favorito real Manuel Godoy recuperó el poder, pues las personas en las que se apoyaba el joven Bolívar eran contrarias al Príncipe de la Paz (Godoy). Entonces conoció a María Teresa Rodríguez del Toro, sobrina del marqués del Toro, de la que, a sus diecisiete años, se enamoró perdidamente.

Como la familia de María Teresa se trasladó a Bilbao en 1801, y él con ella, de allí se desplazó Bolívar a Francia para entablar relaciones comerciales con los franceses, especialmente con el cacao del que su familia eran importantes cosecheros. De vuelta en Madrid se celebró la boda (26.05.1803) y el matrimonio embarcó para Venezuela. Si bien su deseo de ser diplomático se disipó, en cambio logró en España una buena formación, a la vez que contactó con la realidad del progreso. Pero el matrimonio se malogró cuando a los cinco meses de su estancia en Caracas su esposa María Teresa falleció (22.01.1803) víctima de la fiebre amarilla lo que sumió a su esposo en una gran desolación. A su desánimo se unió la hostilidad entre Inglaterra y Francia, que afectaba a España y a sus negocios con los franceses. Así es que viajó a España, y de Madrid a París donde coincidió con su maestro Simón Rodríguez. En París se dedicó a leer los libros del momento y asistir a las conferencias de personajes ilustres, lo que le hizo ser un hombre de la Ilustración.

En París tuvo la suerte de asistir en la iglesia de Notre - Dame a la coronación de Napoleón como emperador de Francia, lo que al parecer desilusionó a Bolívar debido a su ferviente republicanismo, pues pensaba que Napoleón había adulterado la esencia de la Revolución. De París viajó a Italia (1805) donde visitó varias ciudades acompañado de su maestro Simón Rodríguez que le había imbuido la fe racionalista de la Ilustración. En la colina del Monte Sacro de Roma, en presencia de su maestro, fue cuando pronunció su histórico juramento de consagrar su vida a la liberación de Hispanoamérica; era el 15 de agosto de 1805. De vuelta a París recibió noticias sobre la actividad de Francisco de Miranda para liberar Venezuela, razón por la que decidió regresar, de modo que embarcó en Hamburgo para eludir el bloqueo naval a Inglaterra. En barco neutral desembarcó en Charleston el 1º de enero de 1807, lo que le permitió visitar varias ciudades de EE.UU., donde dijo: “vi la libertad racional”. En junio llegó a Caracas, cerrando así un ciclo de su vida. Volvía un Bolívar con casi veinticuatro años afiliado a la masonería e imbuido de las ideas liberales.

La España de principios del siglo XIX era de extrema debilidad: conflicto dinástico de Carlos IV y su hijo Fernando, con un Napoleón convertido en árbitro de la España a la que había invadido y en cuyo trono colocó a su hermano José. La invasión francesa dio lugar a la guerra de la Independencia, con Fernando VII confinado en Francia en manos de Napoleón. No cabe duda, pues, que la situación en España era propicia para la sedición de los criollos venezolanos, que se levantaron el 19 de abril de 1810, depusieron al capitán general al que sustituyeron por una Junta Gubernativa que negaba toda sumisión al gobierno peninsular. En este movimiento no participó Bolívar, ignorándose las causas de su ausencia, ni incluido después en la Junta y sus organismos. No obstante, se le comisionó, con gastos a su cargo, para que viajara a Londres a pedir ayuda al gobierno británico al que ofreció a cambio los beneficios derivados del comercio. Misión que fracasó pues los ingleses estaban ligados con la Junta Central española para luchar contra Napoleón. En Londres estudió el funcionamiento de las instituciones parlamentarias, las cuales le agradaron.

En la capital británica entró en contacto con Francisco Miranda al que le facilitó el viaje a Caracas, el cual consiguió que el Congreso de la Junta proclamara la independencia de Venezuela el 5 de julio de 2011, la primera de Hispanoamérica, que pronto quedó como una precipitada intentona fallida, pues no era tan fácil romper el vínculo con España. Bolívar, que tenía el nombramiento real de subteniente de Milicias, se incorporó al ejército de la República que le otorgó el grado de coronel. Gran desolación se produjo aquel año de 1812 cuando el 26 de marzo un terremoto de gran intensidad provocó enormes destrozos en Caracas, lo que ocasionó un gran pavor entre la población que creyó en un castigo divino por haberse apartado de la Corona. Ante la catástrofe Bolívar exclamó: “¡Si la naturaleza se opone a nuestros designios, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca!” Los sediciosos fueron vencidos militarmente y la República se desvaneció. Miranda se rindió y fue entregado al jefe realista. Falleció en el penal de La Carraca (Cádiz), enfermo y abandonado. Bolívar se refugió en La Guaira, después se exilió en Curaçao, pasando finalmente a Cartagena de Indias donde proclamó otro manifiesto que incitaba a la rebelión. Allí adquirió protagonismo para la restauración de la República de Venezuela. El Bolívar que marchó a Cartagena era muy distinto al joven que había regresado de Europa.

En Nueva Granada (actual Colombia) recibió el nombramiento de brigadier del ejército y el permiso para entrar en Venezuela. Así, el 14 de mayo de 1813, inició una expedición militar, la ‘Campaña Admirable’. Un mes después, el 15 de junio, Bolívar declaró la ‘guerra a muerte’ (cita textual) a los españoles, y el 7 de agosto entró triunfante en Caracas donde se le otorgó el título de Libertador, título que llevó siempre. La segunda República no fue estable debido a los numerosos choques entre secesionistas y realistas, que fueron muy sangrientos. La ‘guerra a muerte’ entre Simón Bolívar y el realista José Tomás Boves, que reconquistó el país para la Corona, ocasionó 300.000 víctimas. Bolívar viajó a Jamaica con la intención de ir a Londres para recabar ayuda del gobierno inglés, pero como no obtuvo respuesta se quedó un tiempo en la isla y escribió su famosa ‘Carta de Jamaica’ a un caballero inglés. De Jamaica viajó a Haití donde planeó otras campañas. Ante los fracasos bélicos organizó un buen ejército con ayuda de oficiales veteranos europeos.

Para no ser considerado como autoritario, el 5 de febrero de 1819 Bolívar convocó un parlamento en Angostura, actual ciudad Bolívar. En ese histórico encuentro pronunció un discurso que es un documento fundamental de sus ideas políticas. Poco después, aprovechando el encharcamiento de los Llanos a causa del invierno lluvioso y la retirada a Venezuela de gran parte de las tropas realistas, emprendió la campaña a fin de liberar Nueva Granada para lo que ascendió con su ejército los escalones de los Andes, llegando al helado páramo de Pisba (3.620 m), y después de reparar fuerzas, cayó sobre las tropas realistas, que aniquiló en la batalla de Boyacá (07.08.1819). Por supuesto que su entrada en Angostura fue apoteósica y en el Congreso propuso la creación de la República de Colombia, que estaría formada por Nueva Granada, Quito y Venezuela con capital en Bogotá. Era claro, pues, que la causa secesionista se había fortalecido, máxime cuando España estaba debilitada a causa de la revolución liberal. El nuevo Gobierno español intentó llegar a un acuerdo con los patriotas americanos, pero no prosperó. El 24 de junio de 1821, en la Sabana de Carabobo, Bolívar ganó la batalla decisiva para la independencia de Venezuela, batalla que supuso la liberación de Caracas y resto del territorio venezolano más otras partes de la región.

(Aclaración. La Gran Colombia, país creado en 1819 por el Congreso reunido en Angostura mediante la Ley Fundamental de la República y ratificado en Cúcuta en 1821, se constituyó en una sola nación formada por Venezuela y Nueva Granada con el nombre oficial de República de Colombia a la que se adhirieron Panamá, Quito y Guayaquil. La República tuvo una existencia jurídica de diez años (1821 – 1831). El término Gran Colombia no es oficial, se usa para distinguirla de la actual República de Colombia. Su superficie era la de los actuales territorios de Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela, incluyendo parte de la Guayana.) El éxito del Libertador fue tan concluyente que una asamblea de delegados de Nueva Granada (Colombia) y Venezuela lo nombraron presidente. Sin embargo, Bolívar se negó y cedió el poder a sus subordinados y marchó al Ecuador. El general Antonio José de Sucre, su lugarteniente, liberó Quito y acabó con la resistencia. En julio de 1822 se reunió con el protector de Perú, San Martín. Las ideas opuestas de ambos se cruzaron, San Martín era partidario de una monarquía para el Perú pero no así Bolívar, de modo que cedió el primero. San Martín sabía de la adhesión y entusiasmo que despertaba Bolívar en los pueblos, razón por la que le cedió la gloria de liberar el Perú y anunció a los peruanos la ayuda colombiana y les pidió “Tributo de reconocimiento al inmortal Simón Bolívar”. El 7 de agosto de 1824 Bolívar y Sucre vencieron en Junín al ejército realista. Más tarde Sucre expulsó a las tropas reales del Alto Perú (hoy Bolivia) En Ayacucho, Perú es liberada. Había terminado la fase militar de la independencia. El 10 de febrero de 1825 el Libertador renunció a los poderes ilimitados que había recibido. El Congreso decretó honores y recompensas para Bolívar y su ejército. De allí se fue a Arequipa, El Cuzco y Alto Perú que se constituyeron en República Bolívar, después llamada Bolivia, para la que Bolívar redactó un proyecto de constitución.

Mientras, en abril de 1826 estalló una revolución en Venezuela contra el gobierno de Bogotá. Bolívar regresó a Caracas y logró restablecer la paz (1827). Sin embargo, las fuerzas de la disgregación predominaban sobre las aglutinadoras de la Gran Colombia. El sueño de Simón Bolívar de una América del Sur unida se desvanecía ante sus ojos, pues las fuerzas opuestas a la unión eran muy poderosas. Tal situación hizo que el Libertador se distanciara de esta política y del vicepresidente Santander, hasta que se produjo la ruptura total. El 4 de julio de 1827 Bolívar salió por última vez de Caracas y viajó a Bogotá, donde el 10 de septiembre, ante el Congreso prestó juramento como presidente de la República de Colombia (la Gran Colombia). El 10 de abril de 1828 se constituyó la Convención Nacional de Ocaña (Colombia) cuyo objeto era modificar la Constitución y reducir los poderes de Bolívar. Dos meses después se clausuró la Convención sin acuerdos, proclamando entonces a Bolívar como dictador. Entre tantos problemas la República tenía una gran crisis económica. De inmediato hubo una gran campaña difamatoria contra el Libertador, incluso fue objeto de un intento de asesinato en Bogotá (25.09.1828) cuando estaba con su amante Manuelita Sáenz que le salvó la vida entreteniendo a los asaltantes mientras Bolívar escapaba. Manuela Sáenz Aizpuru (n 1795 – 1856+), casada con un inglés, era una patriota que conoció en Quito y se convirtió en su amor y su apoyo. Mujer feminista, mal vista e ignorada hasta que en el siglo XX se la nombró gran heroína.

Pero a pesar de estar enfermo y cansado luchaba por salvar su obra: la República de Colombia, la conocida como Gran Colombia. Después de solucionar un conflicto con Perú marchó a Bogotá en 1830 donde pretendió reunir el Congreso Constituyente, pero al declarase Venezuela estado independiente y viendo que en Nueva Granada (Colombia) la oposición crecía y se fortalecía, el Libertador, cada vez más enfermo, renunció a la presidencia de la República de Colombia (Gran Colombia) y emprendió viaje a la costa. En Cartagena recibió la noticia del asesinato de Sucre, que le afectó mucho. Los últimos años de su vida estuvieron marcados por la amargura. Quién había sido capaz de desmantelar un imperio, incluso superando a la naturaleza, tuvo que defenderse, en la paz, de sus propios amigos, que llegaron a conspirar para matarle, algo que para él debió ser el golpe más duro de su vida, cosa que le descubrió la amarga realidad. Todo eso hizo que pensara en marchar a Europa, pero la muerte le sorprendió el 17 de diciembre de 1830 en una hacienda cerca de Santa Marta. Sus restos mortales reposan en el panteón nacional de Venezuela.

El historiador Fernando García de Cortázar dice de Bolívar: ”Lideró la independencia de América del Sur con la ilusión de que brotara de aquella lucha sangrienta la unidad de las nuevas repúblicas, pero las conjuras y las rencillas trituraron sus deseos. Hecho de ideales revolucionarios y terribles batallas, el sueño de Simón Bolívar comenzó a desvanecerse el mismo día en que culminó.”