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Parábola del buen sembrador de Los Guiraos


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SAVONAROLA

Aquel día, hermanos, salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando Él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas.

Nuestro Señor les dijo: He aquí que el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra, y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra, pero salido el sol, se quemó y, porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.

Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:

Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.

Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra y al momento la recibe con gozo, pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.

El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra y se hace infructuosa.

Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra y da fruto, y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

Y es que, mis queridos hermanos en Cristo, se recoge siempre lo que se siembra, pero también según en dónde y de qué manera se planta.

Todos vosotros habéis contemplado cómo y cuánto han cambiado estas tierras del Levante desde que sus hombres conquistaron las aguas. El gris que vestía su historia y las maletas que contenían los sueños de los hijos de la Axarquía que emigraron en busca de un marco, una libra, un dólar o un franco, mudáronse en verde esperanza para sí y para los hijos de otros continentes que vinieron a labrarse un futuro arando sus campos.

Por todos los rincones y resquicios de la comarca, gota a gota, proliferaron las sociedades agrarias que fueron transformando la tierra y a aquellos que la habitaban, mas el fruto de sus semillas no rindió por igual en todos los valles y pagos. Ni todos enterraban en el suelo las mismas simientes.

Así, hubo quien se empeñó por entonces en plantar naranjos mientras que otros lechugas. Los hubo que olivos y también que sandías y calabacines. Aquellos que alcachofas y los que brécol. En fin, de todo. Mas unos pocos, siempre los menos, dedicaron su esfuerzo a poner en sus huertas las pepitas del futuro. Y esperaron a verlas germinar y brotar desde el suelo. Las mimaron y regaron con las gotas desaladas de su frente, y vieron, al cabo, cómo el porvenir se hizo presente en la tierra de sus padres, y cómo los hijos de sus progenitores y los nietos de sus abuelos quisieron y pudieron vivir en el pueblo en que nacieron.

Esa es la historia, mis más caros hermanos, de algunos hombres esculpidos en el barro que pisan vuestras sandalias. Hombres como Matías Gómez Cervellera, que del mismo modo que Nuestro Señor redobló los panes y los peces de que disponía para alimentar a la multitud de fieles que le seguían, supo multiplicar por 250 el valor de la Sociedad que le encomendaron.

Matías, que literalmente significa ‘regalo de Dios’, sacó a sus socios de las 273 Has de la Zona de Interés Nacional y empezaron a crecer en buena tierra, y a dar fruto.

El agricultor sabe que se recoge lo que se siembra y, por eso, él, que quería cosechar el futuro de los suyos, fue consciente de que tenía que esa mies sólo podía surgir de la innovación y de las semillas más nuevas.

Además, queridos míos, como hombre nacido de la tierra, Matías nunca fue partidario de guardar todos los huevos en la misma cesta para evitar unir el destino de todos a la misma ventura. Así, a la sombra de los invernaderos, surgieron han surgido peces y caracoles vestidos de ricas salsas, y vendrán aceites, vino y miel, al tiempo que un restaurante a punto de abrir sus puertas, que ya luce de par en par el primer supermercado de Guazamara.

De esa manera que os cuento, hermanos, el buen sembrador sacó a su pueblo del parvo valle del desamparo para guiarlo al de la seguridad y la firmeza, sin olvidar el compromiso con los suyos, de cuya cultura ha convertido a la SAT Los Guiraos en una piedra angular.

Y Matías también sabe, queridos míos, que el futuro se poda con educación, razón por la que se ha propuesto hacer del colegio de su pueblo el más moderno de Andalucía. En eso está, amigos míos, y a fe que lo conseguirá. Dice que el año que viene, y voto a bríos que tiene entera mi fe en ello, pues me consta que aquél del que os hablo no siembra en pedregales ni espinos. Vale.