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Saturno masticado por sus hijos


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SAVONAROLA

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa, porque a Cristo el Señor servís”.

Hubo un tiempo, mis queridísimos hermanos en el Padre, el Hijo y el Santo Espíritu, que Pablo de Tarso hubo de intervenir ante los hijos de Dios en la ciudad de Celosas, allá por la región que llaman el Asia Menor.

Colosas estaba, como bien sabéis, en la Frigia, muy próxima a Hierápolis y Laodicea, y en el seno de su comunidad cristiana surgieron ciertas disensiones a causa de la predicación de algunas personas que postulaban la existencia de poderes intermedios entre Dios y los hombres.

Y Pablo advirtió explícitamente a sus discípulos colosenses contra los poderes de las tinieblas que animan al individuo a entregarse sin medida a la bebida, la comida, la holganza y a cumplir más fiestas de aquellas que obliga el Señor, nuestro Dios, exhortándoles, además, a obrar, pero siempre actuar de corazón al servicio del Sumo Hacedor Todopoderoso.

Por mi parte, este viejo monje siempre os recuerda que en la nación de los hombres, no hay más dios que el Dios pueblo, por mucho que haya quien le llame hasta de 99 formas diferentes.

Por eso, amados míos, como observó el de Tarso a aquellos sus hermanos, todo lo que hagáis, hacedlo siempre de corazón y al servicio del pueblo.

Nunca olvidéis que ese pueblo es el Dios que paga puntualmente las nóminas de quienes le sirven, como es el caso de todos sus empleados, también el de los agentes de Medio Ambiente, los que han de velar por el bienestar de la madre Natura y el de aquellos que la habitan.

Mas, según el más nuevo de los testamentos, aquél que aún se escribe, colosenses contemporáneos podrían estar predicando con su ejemplo, sin duda alentados por los más negros poderes de las tinieblas, a favor de la holganza, la pereza y la ociosidad mucho más allá de la señalada por el Dios de la Tierra y de los mortales.

De tal magnitud es el escándalo que su hacer provoca, que algunos hombres se han dirigido a sus representantes ante el Todopoderoso para solicitar su criterio y mediación, mas no hallaron a ningún Pablo entre ellos.

Y pasaron los días, las semanas y hasta un mes sin recibir respuesta alguna. Me cuentan que trabajadores públicos insisten, mientras tanto, en su misma actitud de holganza, al servicio de Euterpe, musa de la música, antes que al de su Señor.

Yo, en tanto, me pregunto, ¿qué hace el pastor de su rebaño, el que ha de dar cuenta a su Dios del producto de la labor de los suyos? Os digo que nada, y mantener su actitud sólo puede concluir en la muerte del cuerpo enfermo. El tumor crece y apesta más y más sin que, al parecer intervenga el cirujano que ha entrado al quirófano hace unos meses porque tampoco lo hicieron los responsables de haber operado en los años anteriores.

La metástasis se va extendiendo y arraigando. Así, cuando se empieza incumpliendo una instrucción interna dando un uso particular al coche oficial asignado para servir a los ciudadanos, se continúa no acudiendo al trabajo a diario y se termina por no acudir a sofocar un incendio si éste se produce en horas intempestivas, como si los fuegos tuvieran que ceñirse y respetar horarios que no se exigen a los funcionarios de turno.

¿Recordáis, mis queridísimos discípulos, aquella pavorosa imagen que nos legara aquel sordo aragonés? En ella se veía al padre de los dioses devorando a sus hijos, mas la imagen de ahora es justo la contraria.

Hoy es la Administración, hija del Dios pueblo de que tanto os hablo, la que mastica a sus padres. Primero los corta en pedazos que arranca con sus incisivos y caninos. Después los tritura con sus molares para digerirlos, disolverlos en el ácido que llueve por sus pasillos y entrañas para finalmente expulsarlos por donde pierde su nombre la espalda.

Así, si Gibraltar no es español aún, sus monos parecen ser ya responsables de su arquitectura burocrática, porque simulan no ver, no oír y, mucho menos, decir. De obrar, ya ni tan siquiera hablamos.

¿A qué esperan los delegados, consejeros, ministros o presidentes de turno para actuar, operar y cortar por lo sano? Quizás recuerden también a Goya y sepan que, a pesar del largo tiempo que sobrevivió al gran tumor que padecía, murió como consecuencia de las lesiones sufridas tras caer por las escaleras, y lo único que les preocupa, como es sabido, es procurar no caer. Al menos no caerse del sillón. Que Dios nos proteja y, en tanto, vale.