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Un magrebí tiene sobresaltadas dos calles de Las Marinas de Vera

Los vecinos no entienden la “actitud pasiva” de las autoridades ante “casos claros de insultos, malos tratos y tráfico de hachís”


Los hechos acaecen en la primera vivienda, con valla, que se ve a la derecha.

ALMERÍA HOY / 27·08·2019

Son una familia. Madre, padre y tres menores de entre cero y seis años. El problemático, explican los vecinos, es el padre, de unos 40 años y origen magrebí. “Vinieron y ocuparon una casa cercana. Ahora, después de que el propietario lograra echarlos, viven al lado nuestro. No sabemos si ocupando también la vivienda o de manera correcta”.

Los hechos que, según los vecinos que se han puesto en contacto con Almería Hoy, “son vergonzosos”, ocurren en dos calles de Las Marinas, en la costa de Vera. Las calles se llaman Pez y Rompeolas. La morada es un triple y tiene fachada a ambos lados. Está en segunda línea de playa.

“Sabemos que ahí se vende hachís desde hace mucho tiempo. Ahora todo parece más calmado porque quizá se les haya agotado, pero la primera quincena ha sido un trasiego continuo de consumidores”. Cuentan que el año pasado el olor a droga inundaba la calle.

La actividad de estas personas no sólo estaría rompiendo el orden en el vecindario. “El hecho de que vivan aquí, en los términos que lo hacen, nos tiene asustados. Los gritos dentro de la casa son algo corriente. La mujer pide auxilio en lo que parecen ser episodios de malos tratos, y cuando llega la Policía o la Guardia Civil no denuncia”.

Y están los pequeños. ¿Nos preguntamos qué hacen los Servicios Sociales?”. No sólo eso. Se cuestionan estos pacíficos ciudadanos que pasan sus vacaciones en la bella costa de Vera, “¿cómo es posible que con la ley de Violencia de Género, por menos de nada, te meten en el calabozo, y aquí, ante hechos evidentes, no se actúa”.

La queja verbal a este medio echa en falta mayor implicación de la Guardia Civil y la Policía Local. “Saben que ocurren situaciones graves y no intervienen”. Un agente, relatan los afectados, “acudió a asistir a la mujer del presunto traficante minutos después de ser víctima de malos tratos, y como la mujer se negaba a denunciar, el policía llegó a advertirle de que lo único que iba conseguir es que la matara”.

En este sentido y al margen de la presunta venta de hachís, se describen una serie de sucesos que acontecen desde hace años. “Cada vez que se enteran que algún vecino ha llamado a las fuerzas del orden, le insultan y le gritan racista, otras veces han tenido encontronazos con otras personas y alguna de ellas ha terminado con un cuchillo en el cuello. Esto le ocurrió a un magrebí que fue a la casa”.

Parece, según el testimonio de los afectados, que el presunto generador de este conflicto está conectado ilegalmente a la red de abastecimiento. “Los de Codeur –empresa pública de suministro- ya no saben cómo evitarlo. Ahora ha vuelto a engancharse y parece que no saben cómo”.

El colectivo vecinal espera que la publicación de estos hechos implique a los agentes de la seguridad pública y se acabe con un problema que ya cumple seis años.