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Laureano Oubiña: “Con la droga se acaba legalizándola y dejando que los mayores de edad se metan lo que quieran”

El conocido contrabandista gallego Laureano Oubiña no oculta que contribuyó a financiar al PP, y asegura que volvería a hacerlo


ALMERÍA HOY / 10·02·2019

El nombre de este gallego aparece entre las leyendas del narcotráfico gallego, sin embargo, nunca fue condenado por tráfico de drogas, pero ha pasado 33 años de su vida entre rejas por contrabando y blanqueo de dinero y, según él, por motivos “políticos”. No oculta que contribuyó a financiar al PP, y asegura que volvería a hacerlo. El veterano contrabandista pasó por la librería Nobel de Vera el 20 de diciembre para presentar ‘Oubiña, Toda la verdad’.

- ¿De qué es usted culpable? 

- Yo no soy culpable de nada.

- Pues ha estado una buena temporada en la cárcel. 

- 33 años, pero fue injusto. Yo no he matado a nadie. Me condenaron por tráfico de hachís y blanqueo de dinero. Espero que Rodrigo Rato cumpla la misma pena que yo.

- Pero él no se ha dedicado al contrabando de drogas. 

- Y yo sólo al de café, gasoil, tabaco, porros y ahí paré. Del hachís únicamente fui transportista. A diferencia del tabaco, el café o el gasoil, el hachís ni lo compraba ni lo vendía. Y nunca dejé ni un solo gramo en España. Sin embargo, Hacienda sí obtenía beneficios de su transporte con los impuestos que me cobraba por cada viaje, además del que gravaba al combustible de los camiones.

- Entonces, ¿cómo ha trascendido tanto su nombre en la memoria de este país? 

- Porque fue un caso político y mediático, además de judicial. Muchos medios de comunicación llenaron miles de páginas y horas de radio y televisión sin conocerme de nada.

- ¿Se contaba la verdad en el censurado libro ‘Fariña’? 

- ‘Fariña’ es también un corta y pega de lo que salió en prensa, pero yo no hablo en mi libro de lo que me dijeron, sino de lo que he vivido desde que nací; de cómo me dediqué al contrabando. La serie de televisión es también un ‘me dijeron’. Nunca hablaron conmigo.

- ¿La verdad que cuenta en su libro consiste en que usted era un santo? 

- Estábamos haciendo contrabando, no asesinando gente ni obligando a fumar porros a nadie. Era una cuestión de impuestos ¿Por qué se pueden fumar ‘farias’ y no ‘cohibas’? Los monopolios tienen como consecuencia el contrabando.

- Y por eso les perseguía la justicia, porque hacían algo ilegal. 

- Y porque éramos los contrabandistas más importantes de Galicia, pero en Algeciras también se traficaba mucho con el tabaco y el hachís.

- ¿Por qué sostiene que el suyo fue un caso político? 

- Porque cuando Felipe González ganó las elecciones, se comentaba que apoyábamos a la UCD y al PP. Él sabía que en Galicia había poca gente de izquierdas y cargaron las tintas contra mí.

- Entiendo entonces que era usted una persona influyente; que su opinión era tenida en cuenta por la población. 

- Si por influencia entiende que proporcionábamos trabajo…

- ¿A cuántas personas proporcionaba trabajo? 

- A bastante gente. Y no todo era contrabando. También tenía una empresa de transporte por carretera y una bodega de vino. Para mí trabajaban directamente unas 200.

- ¿Y en sus negocios ilegales? 

- En el contrabando sólo trabajábamos las noches en que no había luna.

- Supongo que merecía la pena correr el riesgo por la ganancia que proporcionaban. 

- En los años 70, un camionero ganaba 7.000 pesetas al mes, y una caja de tabaco rubio americano con 50 cartones, que eran 500 cajetillas, dejaba 3.000 pesetas de margen. Sí se ganaba mucho dinero, pero también había pérdidas. De vez en cuando perdíamos un camión o un barco.

- ¿Quién perdía ese dinero, usted o el que se lo vendía? 

- Lo perdía yo, que siempre pagaba la mercancía por adelantado. Ése era mi riesgo. En cambio quienes me compraban a mí el producto o lo distribuían, no me lo pagaban hasta que lo vendían. Así estaba pactado. Entonces, la palabra que daba una persona a otra valía, no como hoy.

- ¿Se vio en la necesidad de ponerse ‘feo’ y recurrir a métodos desagradables para cobrar alguna deuda? 

- Nunca tuve problemas en ese aspecto. Nadie me dejó a deber ni una sola cajetilla nunca.

- ¿Quizás por miedo al poder que usted tenía? 

- Yo no tenía ningún poder más allá que el que ejercía en mis empresas, tanto en las legales como en las otras, donde el que no estaba a gusto cogía la puerta.

- En esas noches sin luna, ¿cuál era su papel durante las operaciones de contrabando? 

- Yo era un trabajador más. No me quedaba en el hotel, sino siempre al lado de los demás, con la radio en la mano. Es más, ellos se iban a dormir y yo tenía que seguir. Si no podía estar presente, no me interesaba el negocio.

- ¿Cómo empezó en esos negocios? 

- Me fui de casa con 16 años, 368 pesetas en el bolsillo y una bolsa con una camisa y 2 calzoncillos. Primero me dediqué a negociar con las cartillas de racionamiento. Después, empecé a traer café de Portugal, tabaco y bidones de gasoil para los barcos. Trabajo, trabajo y trabajo.

- Un trabajo que le permitió alcanzar un muy buen tren de vida. 

- Nada de tren de vida. Cuando se paraba el contrabando, me dedicaba a negocios legales. Yo sólo sé trabajar, nada de juergas.

- ¿Seguro? No es eso lo que cuentan los libros, las películas y la televisión. 

- Lo que le digo es la verdad. Sé que pintan otras cosas, pero sólo he dedicado mi tiempo al trabajo, la familia y a compartir una botella de vino con los amigos.

- Reconozca, al menos, que ha vivido usted bien. 

- Nunca he vivido bien. No he cogido vacaciones, salvo los 33 años que he pasado en la cárcel. A veces compartía una botella de vino con amigos del trabajo. En Navidad nos reuníamos alrededor de una veintena, pero no en una juerga.

- Usted conocería a Sito Miñanco, a Terito, los Charlines… 

- De los que menciona, conozco a alguno que fue amigo mío hace 30 años y aún sigue siéndolo. Si le puedo aliviar un día de cárcel, lo haré. Se trata de José Ramón. Sito [Miñanco]. A los demás, no los conocí.

- ¿No los conoció o no quiso haberlos conocido? 

- Yo no quiero hablar de ellos. Únicamente hablo de las personas.

- Usted fue detenido en 1990 en el marco de una gran operación policial. 

- Así fue. La operación Nécora se montó para tapar el terrorismo de estado de los GAL (Grupos Armados de Liberación).

- No me dirá que ‘la Nécora’ fue una cortina de humo. 

- ¿Cuántas veces ha oído hablar de la operación Nécora?

- La verdad es que muchas. 

- ¿Y de la Pitón, que tuvo lugar en 1991?

- No la recuerdo. 

- Pues fue bastante más importante. La dirigieron Baltasar Garzón y Carlos Bueren, y se saldó con 71 detenidos, entre ellos varios policías y dos toreros, y un agente de la Guardia Civil muerto, pero ¿se ha preguntado por qué se dio más difusión a la redada contra el contrabando de hachís en Galicia mientras que se silenciaba ésta que tuvo lugar en Andalucía?

- Sí recuerdo su imagen en un yate con el presidente de la Junta de Galicia, que se usa para demostrar la conexión del PP con el contrabando y el narcotráfico. 

- No había ninguna conexión con la derecha. Yo ayudaba a la UCD y al PP como empresario del transporte, no como contrabandista. Y volvería a hacerlo.

- ¿Dice que volvería a hacerlo? 

- Sin duda. En una transición de régimen como la que vivíamos entonces, volvería a apoyar mis ideales.

- ¿Qué les aconsejaría usted a los jóvenes que le lean? 

- Que no tengan vicios, sean sanos, deportistas y no fumen porros ni tabaco, y que tampoco beban alcohol. Pero cuando sean adultos, que hagan lo que les salga de las pelotas.

- ¿Lo que le salga de las pelotas? 

- Cuando alguien es mayor de edad y no está mal de la cabeza, que haga lo que quiera. Sin embargo, yo aconsejo a los jóvenes que sean sanos, hagan deporte y no se metan dos botellas de vino en cada comida, como hago yo.

- ¿Y cómo acabamos con el narcotráfico? 

- Acabar con el narcotráfico y el contrabando es muy fácil. Sólo tienen que legalizar las drogas. Que los mayores de edad se metan en su cuerpo lo que quieran.