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La reina católica (II)


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ADOLFO PÉREZ

La primera parte de este artículo se quedó en la boda de Isabel y Fernando y el jolgorio que se produjo cuando se mostró la sábana nupcial … Ahora comienzo contando cómo era Fernando.

El esposo de la reina, Fernando II de Aragón, V de Castilla, nació en Sos del Rey Católico (Zaragoza) el 10 de marzo de 1452, hijo de Juan II y de Juana Enríquez. Un autor desconocido lo describe así: “Era un joven de estatura mediana, ancho de hombros, de fuerte musculatura, tez bronceada, cabellos castaños, hábil, inteligente y astuto”. Quería mucho a la reina, pero no le era fiel dado su carácter mujeriego. Pulgar lo dice: "E como quiera que amaba mucho a la Reina, su mujer, pero dábase a otras mujeres”. Dice Pulgar que amaba la justicia y era algo más clemente que la reina. Según otros autores el rey Fernando era brillante, seguramente el más hábil de su tiempo.

Durante cinco años reinó en Castilla una gran confusión debido a que había dos cortes errantes, la del rey Enrique y la de los príncipes. Hasta que el rey, estando en Madrid, recayó en la dolencia que padecía y murió el 11 de diciembre de 1474, con casi cincuenta años. La princesa Isabel, que estaba en Segovia, con Fernando ausente, al día siguiente fue aclamada como reina de Castilla. En la mañana del 13 de diciembre de 1474, la princesa, montada en un palafrén, con un caballero portando en alto la espada (símbolo de la justicia) y un séquito de regidores se dirigió al cadalso alzado ante el pórtico de la iglesia de San Miguel donde un rey de armas en voz alta dijo: “Castilla, Castilla, Castilla por el rey Don Fernando y Doña Isabel”. La reina cumplía ese día 23 años, 7 meses y 20 días. Al acto no asistieron los grandes señores de Castilla, solo algunos caballeros segovianos.

Poco a poco acudieron a Segovia los grandes señores, entre ellos el cardenal Mendoza, antes principal valedor de Juana la Beltraneja, ahora sería para siempre el gran consejero fiel de los Reyes Católicos. Sin embargo, los Enríquez castellanos, familia próxima de Fernando, avivaron su ambición al ser descendiente de Juan I de Castilla por línea de varón en el mismo grado que su mujer, a fin de que recabara la plena soberanía de Castilla, aplicando la costumbre franca, vigente en Cataluña, que excluía a las hembras del trono. Esto era un tremendo error que vulneraba la tradición castellana y ofendía a la nobleza y al pueblo de Castilla, y más después de tantos sacrificios en imponer a Isabel como heredera.

Fernando prestó oídos a la sugerencia que satisfacía su codicia de mandar en Castilla. Para conjurar el conflicto se contó con la prudencia de la reina que hizo ver a su esposo que acción tan grave supondría desheredar a su única hija, Isabel, y le aseguró que ante cualquier decisión: “Solo seré reina donde vos fuéredes rey”.

De mala gana se avino Fernando a que el cardenal Mendoza y el arzobispo Carrillo redactasen un dictamen sobre tan delicada cuestión, de modo que el 15 de enero de 1475 se publicó la “Concordia de Segovia” que puso fin a los desacuerdos entre Isabel y Fernando respecto a la corona de Castilla: ambos gobernarían conjuntamente. Se reconocía asimismo la futura supeditación de Aragón a Castilla. El lema “Tanto monta, monta tanto” resumía el espíritu de la Concordia. De ahí surgió la divisa del yugo y el haz de flechas: el yugo de Fernando con la Y de Isabel y el haz de flechas de Isabel con la F de Fernando. Dos voluntades unidas en una empresa difícil.

Como se ha visto, los grandes señores acataron a la reina Isabel al ser proclamada, excepto familias importantes puestas ahoradel lado de Juana la Beltraneja, entre ellos el marqués de Villena (custodio de Juana); los mismos de la “Farsa de Ávila”, y a los que se unió el arzobispo Carrillo, desertor de Isabel celoso del cardenal Mendoza. El bando estaba dispuesto a destituir a la reina Isabel para subir al trono a Juana por considerarla legítima heredera de Enrique IV. Como sus fuerzas eran inferiores lograron que Alfonso V de Portugal se casara con la Beltraneja, que era su sobrina, y se uniera a la causa pensando en ser rey de Castilla. La guerra civil estaba servida, la cual duró cuatro años, desde mayo de 1475 a septiembre de 1479, con diversos episodios bélicos, siendo el más significativo el de la batalla de Toro a favor de Isabel y Fernando (marzo de 1476). El tratado de Alcáçobas puso fin a la guerra: los Reyes Católicos son reconocidos como reyes de Castilla, Juana la Beltraneja renunció a sus derechos y se clausuró en un convento de Coimbra.

Mientras duraba la guerra de sucesión en Castilla, la reina era reconocida como tal por el pueblo castellano. Como ella sentía la necesidad de dar cuenta a sus súbditos de su proyecto de gobierno, en abril de 1476 convocó a Cortes en Madrigal, su lugar de nacimiento. Allí escuchó las propuestas que le hicieron para el buen gobierno, entre ellas la de la Santa Hermandad, institución creada para combatir las cuadrillas de bandoleros que pululaban por los campos. Una vez que los nobles rebeldes perdieron la guerra de sucesión se acogieron al perdón real, que se les concedió sin represalias, entre ellos estaban el marqués de Villena y el arzobispo Carrillo. Gran alarma fue para le reina las alteraciones de Segovia del verano de 1476. En ciudad tan leal para ella tenía a su hija, la princesa Isabel, cuidada por su gran amiga de la infancia, Beatriz de Bobadilla, la que le cerró los ojos en el momento de morir. Por un abuso de poder del marido de Beatriz se produjo un chispazo por un agraviado. La reina se apresuró a viajar a Segovia y con gran entereza y dignidad sofocó el motín ante el pueblo, maravillado por la actuación de la reina, y más cuando les dijo: “Decid agora vosotros, mis vasallos e servidores, lo que queréis, porque a lo que vosotros viene bien, aquello es mi servicio e me place que se faga”.

A mediados del siglo XIII el dominio musulmán estaba casi acabado, solo quedaba el reino nazarí de Granada. Desde entonces la Reconquista sufrió un parón debido a la guerra de sucesión en Castilla y a la rebeldía de la nobleza, que ocuparon toda la atención de los reyes Isabel y Fernando, pero pacificado el reino llegó el momento de reanudar la Reconquista, así es que en 1481 comenzó la guerra de Granada, que duró once años y tuvo carácter de cruzada, de modo que a las tropas castellanas y aragonesas se unieron numerosos caballeros de varios puntos de Europa. La guerra tuvo bastantes hechos de armas, uno de ellos fue la derrota sufrida por el rey Fernando en Loja, que tanto dañó su ánimo.Al fin, después de casi ocho siglos (770 años), el 2 de enero de 1492 acabó la Reconquista con la toma de la ciudad de Granada. En la entrega de las llaves el rey Boabdil besó el brazo del rey Fernando al negarle éste la mano, y le dijo: “Toma, Señor, las llaves de tu ciudad, que yo y los que estamos dentro somos tuyos”.La reina se implicó a fondo en la guerra. Poco antes del final se instaló en el campamento de Santa Fe, cerca de la ciudad de Granada. Dice la crónica: “A ella sola se puede dar la honra de la gloriosa conquista del reino de Granada”.

Asunto vidrioso del reinado de los Reyes Católicos fue el de la Inquisición, sin duda un tema polémico y conflictivo. Sabido es que la Inquisición nació en Europa en el siglo XIII y decayó en el XV. Su misión era proteger a la Iglesia Católica de las herejías. La unidad nacional lograda por Fernando e Isabel tropezaba con grandes obstáculos de raza, religión y economía, razón por lo que era preciso fundirlos e integrarlos en el nuevo Estado. Moros y judíos eran considerados elementos extraños que era necesario integrar. El caso es que unos y otros fueron obligados a convertirse al cristianismo.Conversión forzosa que debía ir acompañada de un sistema de coacción. Para ello los reyes solicitaron del papa Sixto IV que otorgara una bula para constituir el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, que el papa otorgó en 1478; después se arrepintió por el rigor de su aplicación.

El 31 de marzo de 1492 los Reyes Católicos firmaron el edicto de expulsión de los judíos, que eran objeto de gran animosidad.En su virtud, debían salir de España o bautizarse en el plazo de cuatro meses; se les autorizaba a enajenar sus bienes, pero no el oro y la plata, cosa que les perjudicó. Se estima que salieron cien mil judíos, la mayoría a Portugal y a otros países de Europa.

Grande fue la reina en su decisión de patrocinar el descubrimiento de América, siendo el reino de Castilla su gran beneficiado. En plena guerra de Granada se presentó en Castilla el navegante genovés Cristóbal Colón, que desembarcó en Palos de la Frontera (Huelva) y se alojó en el convento de La Rábida. Marchó a la corte y logró que los reyes lo recibieron a los que expuso su proyecto de llegar a la Indias orientales por la ruta de occidente (cruzando el Atlántico), a la vez les solicitó el patrocinio para la empresa.Los reyes encargaron el estudio del proyecto a una Junta para que los asesorase, cuyo dictamen,en 1490, fue negativo por considerarlo erróneo. No obstante, a fines de 1491, en el Real Sitio de Santa Fe Colón expuso de nuevo su proyecto y presentó las capitulaciones que el rey Fernando no aceptó por exageradas, pero la reina, decidida a patrocinar la empresa, convenció al rey y el 17 de abril de 1492 se firmaron dichas capitulaciones.

De modo que el 3 de agosto de 1492 salió Colón del puerto de Palos al mando de tres carabelas: Santa María, la Pinta y la Niña, con una tripulación cercana a los 120 hombres, rumbo a lo desconocido. El 12 de octubre avistaron tierra, América, se trataba de la isla de Guanahaní, que Colón bautizó como San Salvador.Convencido de haber llegado a la India llamó indios a los nativos. Después de recorrer aquellas islas y darles nombre regresó a España para dar cuenta de su primer viaje a los reyes, que se encontraban en Barcelona. Los indios contaron con la especial protección de la reina a través de sus leyes y su testamento.

A los Reyes Católicos les falló su perspectiva en la sucesión dinástica. Tuvieron cinco hijos: Isabel, Juan, Juana, María y Catalina. Juan, su único hijo varón, príncipe de Asturias, falleció a los 19 años, en 1497. Al año siguiente falleció la hija mayor, Isabel, con 27 años. Siguió en el orden sucesorio Juana, llamada la Loca por sus problemas mentales, casada con Felipe I el Hermoso, de Austria; padres de Carlos I, el cual gobernó Castilla y Aragón en nombre de su madre que murió en 1555.

La gran reina Isabel falleció en Medina del Campo (Valladolid) el 26 de noviembre de 1504 (con 53 años), más que de enfermedad fue de pena por las desdichas familiares. ¿Qué sería de la labor de toda su vida?Su testamento y codicilo son notables ejemplos de su sabiduría política, donde refleja el gran amor por su marido y el mucho cariño por sus vasallos. Dejó por heredera a su hija Juana y como regente a su esposo, pues el estado mental de su hija no le permitía gobernar Castilla.

Su muerte conmovió a España y a la misma Europa. El cronista flamenco Antoine de Lalaing escribió: “Su muerte ha causado tal pérdida a la Cristiandad, que todos los cristianos deberían vestirse de luto para mostrar duelo …”Un siglo después el padre Mariana recordaría su muerte con dolor: “La más excelente y valerosa Princesa que el mundo tuvo …”