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El mayor predicamento de Vox en Andalucía


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AMANDO DE MIGUEL

Se ha comentado abundantemente la gran sorpresa de las recientes elecciones andaluzas: Vox, antes inexistente, obtuvo el 11% de los votos. Lo más llamativo es que ese porcentaje supuso en Almería el 17%, muy lejos de la proporción alcanzada en las otras provincias andaluzas. Es menester explicar tal disonancia de la provincia más oriental de la región.

No es cosa de ahora. Durante los últimos decenios, en casi todos los mapas socioeconómicos de las provincias andaluzas, Almería aparece con otro color. En su estructura económica y social se parece más a Murcia. Con los vecinos del norte se dan, incluso, similitudes en el habla, y no digamos en los intereses de una agricultura de exportación.

A lo largo de la época contemporánea Almería ha sido la cenicienta del desarrollo económico andaluz, pero en los últimos lustros se percibe que su dinamismo económico es superior a la media de la región. El factor fundamental ha sido la extraordinaria productividad de la agricultura de exportación a través de los invernaderos. Lógicamente esa nueva actividad ha dado lugar a un peso creciente de las clases medias.

Los invernaderos de Almería han supuesto una gran afluencia de inmigrantes extranjeros, principalmente africanos y con el predominio de personas solas, es decir, sin el control familiar. La consecuencia más negativa ha sido la serie de problemas de desintegración social y violencia. No es casual que sea Vox el partido que más se oponga a la inmigración masiva y descontrolada. El electorado almeriense es sensible a ese hecho y vota mayormente a los partidos de la derecha, de modo singular a Vox.

Otro dato estructural que hace diferente la situación de Almería es que en esa provincia no es tan decisivo el voto clientelar o subvencionado que ha supuesto tradicionalmente la mayoría al PSOE en la región. Añádase la circunstancia del notable retraso en la inversión de ciertas estructuras, como el AVE. El resultado es la sensación de desamparo en que queda la población almeriense.

Todo lo anterior refuerza el hecho de la lejanía psicológica en que queda Almería del centralismo sevillano. Téngase en cuenta que la “autonomía” andaluza se distingue por su fuerte intervencionismo en todos los órdenes. No es casualidad que Vox se distinga también por oponerse al “Estado de las autonomías”, a sus excesos de burocratismo, clientelismo y corrupción. Si las elecciones andaluzas han sido un test para las nacionales (que están al caer), la posición de Almería resulta sumamente estratégica.