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Esos ovarios en Despeñaperros


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PABLO REQUENA

Dos niñatas -por decirlo suavemente- que, según parece, creen ir de luchadoras por los derechos de la mujer, se cuelan en la catedral de Almería y graban un videoclip, lo que les vale para ser denunciadas por el Obispado almeriense. Se publica la noticia y se levanta la correspondiente polémica en bares y redes sociales, con unos defendiendo la acción cometida por las dos jóvenes y otros poniéndolas a caer de un burro.

Reconozco que si esto me coge más joven, no hubiera tardado ni medio segundo en situarme entre los primeros. También es cierto que hubo un tiempo, no tan lejano, donde meterse con la Iglesia era un gesto cuasi revolucionario, y que ahora esa misma pose se antoja carente de mérito alguno al estar ya más manida que las colas para hacerse con un abanico de nuestra Feria.

Además, como me pilla con las partes pudendas ennegrecidas, lo último que quiero a estas alturas es defender a las dos adolescentes de turno convencidas de ser poco menos que Lutero o que nuestro 'colaborador' Savoranola. Porque si de verdad se les parecieran en algo, en vez de la catedral de Almería se hubieran dirigido a cualquiera de las muchas mezquitas que hay en nuestra provincia a reivindicar allí su música o, incluso, el papel de la mujer en el mundo musulmán. Pero, vaya por Dios, faltan huevos -en este caso, ovarios- para reivindicar según que cosas en según qué sitios. O eso, o que las muchachas no tienen nada en contra de la constante postración de la mujer ante el hombre en ese aparentemente intocable mundo islámico.

En fin, que está uno harto de ver el cinismo que suponen los 'rosarios fuera de nuestros ovarios' y patochadas semejantes conviviendo con el ensordecedor silencio del machismo inherente al Islam. He dicho.